Desde el espejo de sus cielos grises
baja el otoño
a disparar ocres
con brochazos fríos y ventosos
a enmohecer pámpanos huérfanos
en sus enharinadas neblinas
a cobrar en heladas monedas
el arriendo del sol escaso
y a recortarle los bordes a los días
con sus tijeras nocturnas
Pasado de olor a tabaco curado
y trasuntos de vendimia
llega a poner el paisaje
del color de una pena madura
baja el otoño a orquestar las brisas
con quebrazones de hojas.
Viene este hermano chico del invierno
a predicarnos garúas tempranas
y heladas primeras
con su cansada palabra
Despiertan las chimeneas
comenzando a bostezar
con hambre de lumbre
este esmirriado y sarmentoso personaje
viene a convencernos
que su antepasado
el gordo y pletórico verano
falleció entre sus brazos
poniendo muy en claro
que él no ha sido su asesino.
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